El Evangelio de Maria Magdalena

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La WIKIPEDIA dice: 

De este evangelio se conservan sólo tres fragmentos: dos, muy breves, en griego, en manuscritos del siglo III (papiro Rylands 463 y papiro Oxyrhynchus 3525); y otro, más extenso, en copto1 (Berolinensis Gnosticus 8052,1), probable traducción del original griego. El texto copto fue hallado en 1896 por C. Schmidt, aunque no se publicó hasta 1955, por Walter Till.2 Los fragmentos en griego fueron publicados, respectivamente, en 1938 y en 1983.

La mayoría de los eruditos están de acuerdo en que el evangelio original fue escrito en griego durante el siglo II. Sin embargo, el profesor Hollis, del Seminario Harvard, sugiere que fue escrito en tiempo de Cristo.

En ninguno de los fragmentos hay mención alguna del autor de este evangelio. El nombre que tradicionalmente recibe, evangelio de María Magdalena, se debe a que se cita en el texto a una discípula de Jesús llamada María, que la mayoría de los especialistas identifican con la María Magdalena que aparece en los evangelios canónicos, aunque algunos han sugerido que podría referirse a María, la madre de Jesús.

No puede ser posterior al siglo III, ya que los manuscritos en griego corresponden a esta época. Por características internas del texto, como la presencia de ideas gnósticas, suele considerarse que fue redactado en el siglo II.

 

Evangelio de Maria Magdalena

Lo que se conoce por Evangelio de María es un texto gnóstico escrito originalmente en griego, que nos ha llegado a través de dos fragmentos en papiro del siglo III, encontrados en Oxirrinco (Egipto) (P.Ryl. III 463 y P.Oxy. L 3525), y una traducción al copto del siglo V (P.Berol. 8502). Todos estos textos fueron publicados entre el año 1938 y 1983.

Es posible que la obra fuera compuesta en el siglo II. En ella se representa a María,  probablemente la Magdalena (aunque sólo se le llama María), como fuente de una revelación secreta al estar en estrecha relación con el Salvador.

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Los Evangelios Apocrifos

Apócrifo se usa hoy con el significado de ‘fabuloso’ o ‘falso’. En una época lejana, en cambio, denotó ‘oculto’. Se formó a partir del latín apocryphus y este, del griego apokryphos, derivado del verbo kryptein ‘ocultar’.

Numerosos relatos acerca de la vida de Cristo y de sus apóstoles, que jamás fueron acogidos oficialmente por la Iglesia en el Evangelio, no son menos auténticos que las narraciones de los cuatro evangelistas, por lo que tuvieron que permanecer ocultos durante muchos siglos y hasta hoy son conocidos apenas por los estudiosos de temas bíblicos, y se los denomina ‘evangelios apócrifos’.

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