Granada

Popularmente está mayoritariamente admitido que la designación toponímica de la ciudad de Granada recibe su nombre en relación con este fruto. Esta denominación, debe atribuirse al periodo de dominación mora, ofreciéndose diferentes versiones sobre el origen del vocablo, que en algunas ocasiones solapa la leyenda con la veracidad histórica. Antes de la conquista mora era conocida como Garnata, un núcleo habitado principalmente por cristianos y judíos situado en lo más alto de la colina de lo que hoy es el Albaicín (actualmente el barrio gitano de Granada). Los reyes ziries procedentes de Ifriquiya (territorio que se correspondería principalmente con los actuales Argelia y Túnez) se trasladaron a al-Ándalus para servir como mercenarios a las órdenes de Almanzor. Tras la desintegración del Califato de Córdoba estos reyes fundaron la Taifa de Granada, acrecentando desde entonces la antigua localidad de Garnata que pasaría en lo sucesivo y definitivamente a ser conocida por Granada.

A este topónimo se le atribuyen significados con poco fundamento histórico, mezclados con partes de leyenda. Algunas opiniones proponen Gar Nata (cueva de nata), otras sugieren Gar-Anat (colonia de peregrinos) o también Gar-Nata con otro significado (ciudad fortificada).

En cualquier caso suscita cierta confusión y contradicción, considerar el fruto del granado como símbolo de un reino supuestamente musulmán, manteniendo este símbolo relaciones más numerosas y más estrechas con el cristianismo de Israel, que con el islamismo árabe. En este caso, resultaría extraño y algo más que confuso plantear que ese mismo nombre considerado musulmán, fuera dado tras el descubrimiento del continente americano a algunos de los nuevos territorios colonizados, bautizados como Nueva Granada, pero ya entonces significando una denominación relacionada con la religión y cultura plenamente católica. 

– Nueva Granada antiguo nombre colonial de la actual Colombia 
– Nueva Granada, municipio del departamento de Magdalena (Colombia)
– Nueva Granada, municipio de el Salvador
– Nova Granada, municipio del estado de São Paulo (Brasil)

Esta confusión sobre el importante nombre de Granada se suma a anteriores consideraciones expuestas en la publicación del Reino de Granada sobre: el famoso Patio de los Leones de la Alhambra, la dinastía nazarí o los misteriosos Plomos del Sacromonte granadino, todas ellas indicando en el mismo sentido. Las sombras de la historia nuevamente hacen acto de presencia con detalles insignificantes pero altamente representativos, señalando con grandes evidencias hacia una probable interpretación equivocada relacionada con el dudoso culto musulmán de los moros que poblaron la península desde el año 711.

Académicamente se desconoce o se ignora el importante vínculo religioso cristiano existente entre el nombre del Reino de Granada, empleado desde la creación de la taifas, con el simbólico fruto mediterráneo del mismo nombre. Una evidente realidad que lo mantiene unido a la más antigua tradición cristiana de origen y costumbres Israelitas, muy alejado de los escasos argumentos en favor de influencia islámica, motivo por el cual frecuentemente se encuentra confundida con erróneas tradiciones tanto judaicas como musulmanas. 

Analizado conjuntamente el periodo de la invasión mora presenta una versión de la historia algo menos que incomprensible además de mal ajustada a la realidad de lo evidente, suscitando sospechas de malaintencion voluntaria que personalmente despierta mi absoluta desconfianza hacia los notarios del relato.

Quizás se podría resumir tan extenso periodo mediante una ecuación muy simple: Por un lado el Pueblo de Israel borrado del mapa y por otro lado el Pueblo Gitano, con la memoria de un incierto pasado pero perfectamente identificado culturalmente con la ley Bíblica. Desaparece uno y aparece el otro, y sin embargo la ciencia histórica desconoce o ignora cualquier relación entre ambos.

Un esquema que también coincide con la inexplicable y profunda integración de la cultura gitana en España, llevada a cabo misteriosamente mediante una integración completamente superficial de los gitanos en la sociedad española 

Todo el conjunto resulta demasiado extraño y enigmático, para un periodo que deberíamos encontrar diáfanamente documentado.