Virgen de la Cabeza

No parece descabellado proponer la identificación del color moreno de las Santas o Vírgenes morenas, con el color moreno de los pueblos que habitaban en la antigüedad el Egipto Bíblico. La descendencia de la dinastía Ptolemaida de Egipto, establecida por toda el norte africano en la tierra de Mizraim desde la muerte de Alejandro Magno, continuó la labor de exportar la antigua cultura egipcia de la mano de los pueblos fenicios originarios de la tierra de Canaán, por todo el Mediterráneo, existiendo en la península testimonios arqueológicos de esa relación que alcanza el periodo de los Tartessos. La dama de Elche o la dama de Baza son dos muestras representativas de los ritos egipcios de los pueblos fenicios transportados a la península ibérica.

Un planteamiento entendido como la continuidad de los antiguos ritos egipcios, probablemente transformados, actualizados y adaptados al cristianismo a partir de la vida de Jesús de Nazaret. Se ofrecería de este modo un argumento razonable para explicar la importante presencia en todo el territorio europeo de la cultura del pueblo de las doce tribus Israel, evidenciando de igual modo el lógico sentido de continuidad de nuestra historia con la historia de los pueblos del relato bíblico.

Podría considerarse significativo encontrar el mismo caso repetido habitualmente en los varios centenares de vírgenes morenas repartidas por todo el territorio europeo, cuyo origen se remonta a las más antiguas tradiciones cristianas y que sin embargo son presentadas bajo contextos aislados, careciendo de argumentos que justifiquen razonablemente su numerosísima presencia. Del mismo modo las advocaciones de vírgenes morenas en el continente americano tendría una explicación basada en los ritos existentes en la península hasta una fecha próxima al descubrimiento del nuevo continente, que según indica la evidencia estaban principalmente relacionados con vírgenes morenas.

Desde el comienzo del cristianismo, María Magdalena representó una figura incómoda para el dogma de la iglesia católica. Misteriosas leyendas provenzales del primer periodo, ilustraban el pasado señalando hacia la posible existencia de un linaje divino resultado de la relación de María Magdalena con Jesús de Nazaret. Un concepto materializado en forma de Cáliz Real y con nombre de Santo Grial (Sang Reial), acompañaría las primitivas corrientes cristianas hasta el siglo octavo, siendo la causa de inacabables disputas religiosas entre la nobleza goda católica enfrentada a la nobleza de credo arriano. Desde Carlomagno y algo posteriormente hacia el siglo X, el Sacro imperio ya disponía de una implantación mayoritaria en Europa. Fue a partir del siglo XIII, con la declaración de la cruzada albigense se determinó el resultado trágicamente decisivo para la iglesia cristiana de los cátharos. Abarcando y coincidiendo en el tiempo con el periodo de Papas y Antipapas, este complicado conflicto religioso iniciado al otro lado de los Pirineos, se extendió sobre el territorio peninsular encontrando su fin en la completa erradicación de la iglesia de Los Buenos Hombres, Los Perfectos, cuya historia encontramos relatada confusamente a ritmo de Reconquista entre moros y cristianos. 

Este acontecimiento representó la completa desaparición del tronco cristiano basado en el evangelio de María Magdalena, dando inicio al más largo periodo de oscuridad para el conocimiento, cuya sombra parece alcanzar hasta nuestros días.